La Educación Sexual

¡Hola persona!

En esta colaboración con EroticFullness voy a hablarte de un tema controvertido como el que más, y que últimamente me encuentro bastante en todas partes.

Hoy vengo a hablar del Porno.

No descubro nada si te digo que la inmensa mayoría de hombres ha consumido porno alguna vez en su vida. Me hace gracia lo de consumir porque tiene una connotación como de adicción a las drogas, pero para entendernos cuando digo consumir me refiero a ejercer la masturbación mientras se visualizan contenidos sexualmente explícitos, generalmente hasta llegar a la eyaculación.

Hasta hace unos años nadie se planteaba que esto fuera demasiado perjudicial en ningún sentido. La gente que hacía éste tipo de contenido simplemente llenaba un vacío que el mercado demandaba.

El sexo siempre vende, dicen.

Y los consumidores lo disfrutaban con cierta vergüenza porque aunque no hacían daño a nadie la moral y las buenas costumbres nos decían que tocar una parte concreta de nuestro propio cuerpo nos condenaba a sufrir el peor de los tormentos en un infierno lleno de otros pervertidos. Y hasta aquí llegaban las consecuencias. Una pizca de culpa religiosa, un par de kilos de pésima educación sexual y unas cucharaditas de prostitución al borde de la ley, todo aderezado con un buen chorro de hipocresía.

La verdad es que todo sigue más o menos igual, y quizá ese sea el problema.

En mi opinión no solicitada no hay nada de malo en que unas personas creen un tipo concreto de contenido.

Tampoco lo es que otras personas interactúen con ese contenido, y que incluso paguen por ello.

La moral de una religión miles de integrantes de la cual han demostrado infringir una y otra vez no pinta nada aquí tampoco.

Lo que ha cambiado es que ahora nos damos cuenta de las cosas, y las exponemos públicamente. Poco a poco la hipocresía de la que te hablaba antes va disminuyendo.

Pero a la humanidad le falta la pieza que va más allá de la educación sexual, más allá de la moralidad, más allá incluso del debate de la prostitución…

La pieza que falta es comprender que la base de todo encuentro sexual placentero para todos es el CONSENTIMIENTO. Es decir, que quienes participen lo hagan por que les apetece hacerlo. Por que es lo que les gusta. Y además les gusta de esa manera determinada. Y si no es de esa determinada manera entonces puedan tener la libertad de no participar.

Además añado que si lo hago exclusivamente por dinero no estoy amándome a mi mismo.

Hay algunas voces que proponen prohibir el porno, pero aparte de ser algo increíblemente complejo de llevar a cabo creo que sería contraproducente. Le daría a la sexualidad un halo de tabú más fuerte del que ya tiene, e incrementaría la hipocresía social que supone ignorar un problema actual como es la falta de educación sexual.

Y puede sonar peligroso, pero esa es la función que debería cumplir el porno. Deberíamos aprovechar la inmensa variedad de personas dispuestas a mostrar sus cuerpos para realmente educar a la humanidad en el maravilloso mundo del placer erótico y sexual.

Por que de hecho la función que el porno ha desempeñado hasta ahora (aunque no queramos verlo), sobre todo en los hombres, ha sido la de mostrar esa variedad de personas haciendo cosas que no vemos en nuestro día a día. El problema es que siempre ha seguido las normas e la industria del entretenimiento y no de la educación. Por lo tanto es una visión muy sesgada de la realidad que en ocasiones, en lugar de abrir nuestra mente y aprender productivamente cómo generar placer a nuestras parejas y a nosotros mismos lo que hace es introducirnos pensamientos misóginos y de rechazo a cuerpos no estereotipados, por no hablar de la normalización de prácticas sin consentimiento.

En mi poco humilde opinión creo que debemos encaminarnos hacia una sociedad donde la desnudez no sea un tabú. Donde la sexualidad sea vista no cómo algo obsceno, sucio y avergonzante sino cómo una práctica espiritual y saludable en la que la vergüenza no tiene lugar.

Que el orgasmo te acompañe.

Aizen M.

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